Hay una escuela para cada niño

 

Planificar la educación del niño llega a desvelar a los padres desde que el hijo está en la cuna. Con las mejores intenciones, se pretende darle la mejor formación posible y hay casos en los que hasta se asigna una cuenta especial para acumular fondos para ese fin. Así como en otras épocas el régimen de internado era visto como un modelo de buena formación, hoy la doble escolaridad es tomada en muchos casos como el paradigma de excelencia y hasta se le asignan atributos extraacadémicos, vinculados al estatus y la exclusividad. Pero aparecen también quienes ponen en duda el efecto positivo sobre los niños.

Estrella Casas, vicepresidente del Colegio de Psicopedagogos de Córdoba es prudente al respecto. “En un principio, ninguna oferta educativa es para todos los niños. Cada papá sabrá incluso qué es lo mejor para cada uno de sus hijos”, opina. Así, la imagen de 
los padres responsables que empiezan a planear el mejor colegio para sus hijos desde el nacimiento, empieza a quedar desdibujada.

“Atendiendo a las inteligencias múltiples, es bueno que puedan destacarse en distintas cosas. Hay niños que se destacan por lo intelectual, otros por lo deportivo o artístico. Y algunas veces, en la escuela los niños sólo destacan del cuello para arriba”, recuerda la especialista. Y añade: “Es para pensarlo bien. Son ocho horas que un niño pasa en la institución, por un lado, permite ampliar la oferta educativa y algunas veces hay otro trasfondo, por ejemplo, a veces es mejor que estén adquiriendo nuevos conocimientos o herramientas y no que estén rotando entre abuelas, tías, amigos o frente a una computadora, solo”, opina. “Ni a favor, ni en contra, no hay que idealizarla. Los padres a veces tienen la idea de que, según la escuela a la que mandan a sus hijos es su posición social. También existe el riesgo de que el niño no salga de un mismo círculo en el que vecinos, amigos, compañeros de escuela y parientes son los mismos”.

 Comentario:

Capacitamos a un niño para que llegado el momento pueda desempeñar el rol que le corresponde en la sociedad. Lo que tal vez hemos olvidado es que el niño debe aprender cómo relacionarse con los demás pues una profesión es: “El servicio que yo presto de alguna manera a otras personas y a la sociedad”. Esto es lo que define su lugar en la sociedad, su salario y su posición.

El niño debe recibir una educación integral, que le enseñe a desarrollarse, a observarse a sí mismo y a los demás y descubriré como comunicarse con todas las personas que lo rodean. Debe comprender el mundo en el que vive y entender cuál es su esencia y su meta en la vida.

Sixto Reyes, director de la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, establecimiento público de doble escolaridad al que los niños ingresan (hoy por examen, pero en un futuro por sorteo) con quinto grado de la Primaria aprobado, revela lo que sucede con algunos alumnos. “Por un lado, están los chicos de primer año, a los que les cuesta porque vienen de un régimen de escolaridad simple. En tanto, los que están en el último año y tienen 18 años, dicen que se dan cuenta al final de que pasaron poco tiempo con la familia, les pasó adolescencia en el Belgrano, no en su familia”.

Reyes cuenta, inclusive, que hay madres que mandan a sus hijos desde quinto grado de la Primaria a una academia particular para que se vayan acostumbrando a estar más tiempo estudiando y fuera de la casa.

Pero Reyes defiende: “Pedagógicamente, el doble turno es saludable; pero quizá no es lo mismo desde el punto de vista de la integración familiar y quizá algunos chicos sufren cansancio”.

Héctor Pedicino, médico miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría, Filial Córdoba, parece encontrarse en la postura más próxima al desacuerdo. “Tratemos de que los chicos salgan a jugar, que se comuniquen con otros niños en un ámbito lúdico y no sólo en la aula, el aprendizaje desde el punto de enseñanza de contenidos no debe ocupar toda la vida del niño”, declara. Cuenta, asimismo, que hay madres que llevan a la consulta a niños con abulia y decaimiento. “El estrés en el niño existe, puede tener manifestaciones somáticas y uno puede contribuir sobrecargándolo de cosas”, manifiesta. “El juego lúdico, el juego por jugar y no la actividad controlada por el adulto, tiene una función desestresante. Jugar al sol y al aire libre es bárbaro, incluso desde el aporte de vitamina D. Entiendo que la realidad de hoy ha sido devastadora desde el punto de vista de la seguridad, pero sería bueno salir a jugar a la plaza, con el compañerito”, insiste.

Una opción. “Sí, los chicos tienen que jugar, sin duda, pero la doble escolaridad tampoco es todo el día. Es un tema para discutir: por ejemplo, qué se hace en la doble escolaridad. Los deportes tienen que entrar en la doble escolaridad y procurar que no se haga lo mismo a la tarde y a la mañana”, apunta, en tanto, Hugo Juri, médico y ex ministro de Educación. Asevera que también está relacionado con el rol de los padres en la educación de los chicos (si hay un acompañamiento en el cumplimiento de los deberes escolares) y con otros factores, como el de la desigualdad, que la doble escolaridad podría ayudar a resolver. “América latina es la región más desigual del mundo, es más desigual que el África y

una de las mayores dificultades en la desigualdad educativa no sólo tiene que ver con la calidad, sino con el contexto. Hay padres que sólo quieren que sus hijos terminen la escuela, no que continúen con su educación. Y hay escuelas en las que tanto docentes como compañeros tampoco tienen esa expectativa. Finalmente, el niño que quiere estudiar es discriminado. Es por eso que, si la doble escolaridad es una alternativa para esos niños, el Estado por lo menos debería ofrecer la posibilidad”.

Claudia Simonini, secretaria de Prensa del Colegio de Psicólogos y psicóloga del Hospital Materno Neonatal, advierte que “hay estar en alerta cuando esto no empieza y termina en la escuela, sino que se convierte en una situación de una comunidad cerrada, todos van a los mismos clubes, los padres se juntan, el círculo se va cerrando y los niños no saben que hay otra realidad”.

Fuente: La Voz

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