Empatía: miradas reveladoras

 
Experimentemos. Elija usted a una persona cualquiera; mírela e intente imaginar qué sucede en su interior. ¿Qué piensa? ¿Cómo se siente? En la mayoría de las personas surgirá de forma rápida­ y en cierta medida automática una impresión que percibirá también muy concreta. De hecho, a menudo creemos saber qué ocupa los pensamientos de otra persona, o si se siente bien o mal. De inmediato ajustamos nuestro comportamiento a esa idea formada. Cada dos por tres intentamos ponernos en el lugar del otro.
 

Esa impresión intuitiva y rápida que nos forjamos de la vida interior de otros individuos –Sigmund Freud acuñó para referirse a ella el término «empatía»– desempeña una importante función en la vida cotidiana; tanto es así que el pequeño experimento propuesto al inicio del artículo le habrá parecido, seguramente, casi banal. Empero ¿cómo podemos saber lo que otra persona piensa o siente? Los filósofos se refieren a dicho enigma como el «problema de la psique ajena»: las personas tenemos acceso solo a nuestra propia experiencia, no sin más a los pensamientos de los otros. En sentido estricto, no podemos asegurar que el o la otra posea una vida interior o un espíritu.
Sin embargo, presuponemos que la mayoría de los seres humanos piensan y sienten de forma semejante a la nuestra. Parece que llevamos en la sangre la capacidad de inferir el estado de ánimo momentáneo de nuestros semejantes a partir de unas cuantas impresiones efímeras.
 
Comentario:

La capacidad que tenemos de «ponernos en los zapatos del otro», cuando sentimos, pensamos y actuamos con comprensión y deseos de ayudar, es a lo que llamamos empatía. No hay nada que una a las personas como vivir una situación peligrosa.  Es cuando apoyamos, cuando emerge lo mejor de nosotros, como lo hemos visto durante los terremotos, tsunamis, etc.

La acción de ayuda mutua fomenta una sociedad más cooperativa, según los datos arrojados por estudios con monos, realizados por  Frans de Waal y Malini Suchak.

Dentro de nosotros sabemos que la única solución para poder conseguir la realización personal y social es solo a través de los demás, cuando existe la conexión colaborativa entre unos y otros. Entonces, ¿qué es lo que nos detiene? ¿Será tiempo de hacer un cambio y dejar de ser un ser hermético para convertirnos en seres empáticos?

Fuente: Investigación y Ciencia

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *