Un masivo cacerolazo de protesta contra el Gobierno se sintió en todo el país

 

Cacerolas, tapas de pavas, silbatos, bocinas, trompetas, bombos, redoblantes, o simplemente estruendosos aplausos. Todo lo que hiciera mucho ruido sirvió ayer como estandarte para la mayor manifestación de protesta antikirchnerista desde la crisis del Gobierno con el campo, en 2008.

Sin banderías políticas visibles, la protesta surgida desde las redes sociales durante las últimas semanas logró juntar, pasadas las 19.30 y durante más de dos horas, a una multitud en la Plaza de Mayo, en otros barrios porteños y en las principales ciudades del interior. Según fuentes de la Policía Metropolitana, frente a la Casa Rosada se congregaron unas 200.000 personas, aunque expertos consultados por LA NACION calcularon entre unas 50.000 y 60.000 personas.

Las consignas de la marcha, que se desarrolló de manera tranquila y sin incidentes, fueron variadas: el cepo al dólar, la intención reeleccionista del kirchnerismo, los 6 pesos que según el Indec alcanzan para comer por día y los escándalos de corrupción que salpican al Gobierno -como la imprenta Ciccone- fueron los motivos principales de crítica de los presentes, un heterogéneo mosaico con muchísima presencia de mujeres y jóvenes.

Comentario:

La histórica Plaza de mayo, es casi un lugar mítico para los argentinos. Allí han visto pasar grandes procesos históricos y sociales. No todos ellos placenteros. Podríamos decir que allí nuestros hermanos argentinos han podido derramar sus lágrimas, no solo de tristeza, sino también de alegría. Y de nuevo nuestro mundo se mueve un paso más en medio de la búsqueda de la justicia social, de un rumbo nuevo, donde todos somos partes, ya no aisladas, donde ya no nos sentimos como simples pasajeros en un barco, sino que ya sentimos que somos parte integral de la tripulación y sentimos la responsabilidad, el deber y la necesidad de cuidar de este barco  y que nadie haga agujeros en él y se hunda, que todos somos responsables de el curso que nos lleve a puerto seguro. Sabemos que si hoy nos unimos en torno a cada persona de nuestra sociedad sintiéndola como parte de una familia y queriendo cuidar de ella como alguien muy querido para mí, lograremos con este solo acto más, que con mil batallas. Solo falta intentarlo y hacerlo. Veremos cuán grande es la fuerza que resulta de allí y cuanta ayuda hallaremos. 

A pesar de adherir a la marcha, distintos partidos de centroderecha optaron por asistir de manera discreta a la movilización, sin banderas ni discursos de ocasión. El legislador macrista Rogelio Frigerio; el radical Facundo Suárez Lastra y el dirigente Julio Raffo, cercano a Fernando Solanas, fueron de los pocos que se hicieron ver entre la multitud, al igual que funcionarios de segunda línea del gobierno porteño.

El Grupo de Acción Política por la Unidad (GAPU), también se movilizó, fundamentalmente en la figura de Patricia Bullrich (Unión por Todos) y Eduardo Amadeo (Peronismo Disidente). Este último se encargó de contratar el camión, con la consigna «No tenemos miedo», que recorrió la plaza y desde la cual salía el pegadizo tema «pronto venceremos», interpretado por Jairo. «Es una manifestación contra la reelección y por la libertad», afirmó Bullrich.

De todos modos, nadie pudo atribuirse el éxito de la convocatoria, que superó en mucho las previsiones más optimistas. «Opositores, pongan huevos para defender la libertad», rezaba un cartel sostenido por un hombre alto y canoso.

Preparativos

Pasadas las 19, y junto con los últimos preparativos del vallado policial que protegía a la Casa Rosada, la plaza comenzó a llenarse. «Venimos para ver si la Presidenta se da cuenta de que mucha gente no está de acuerdo con lo que hacen, esto es una dictadura», dijo a LA NACION Pablo, que llegó con su esposa Mimí desde Villa del Parque. «No es una dictadura, pero queremos vivir en un país sin corrupción», la corrigió Mimí, una rubia de poco más de cincuenta años.

«Se va a acabar la dictadura de los K», y «si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está», eran los cantitos más repetidos por la gente, que se renovaba en forma de oleadas de manera incesante. Los jóvenes del partido Liberal Libertario pusieron color con máscaras de la Presidenta con corona y de un sonriente vicepresidente Amado Boudou.

Pasadas las 20.30 la concentración llegó a su máximo pico, y la Diagonal Norte se asemejaba a un mar de banderitas argentinas flameando sin pausa. «Estoy cansada de escucharla por tevé, no quiero una democracia dónde tenga que pedir permiso para todo», repetía Stella Maris, una mujer de 60 años con bronceado y vestuario impecables.

A partir de las 20.30, el himno comenzó a sonar desde los altavoces cada veinte minutos. Una hora después, la aparición de un helicóptero detrás de la Casa Rosada dio lugar a confusión y cánticos agresivos. «!Como De la Rúa se va!», gritó un joven con remera del grupo de rock Almafuerte, mientras las cacerolas retomaban su incesante golpeteo.

A las 21.30, la multitud comenzó a retirarse, en grupos de cuatro o cinco personas, en familia o tan solos como habían llegado, muchos de ellos hacia la red de subterráneos.

Poco después llegaron las positivas reacciones desde la oposición política. «El pueblo dijo que no quiere que lo conduzcan desde el miedo», analizó el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, quien admitió sentirse «contento» por la masiva concentración.

«El Gobierno se propuso fracturar a la sociedad Argentina y lo logró, la sociedad urbana se mostró espontáneamente harta de la soberbia y el ocultamiento de la realidad que muestra la señora Presidenta», afirmó Gerardo Milman, del Frente Amplio Progresista. «Las manifestaciones son una clara llamada de atención ante la profunda degradación institucional que sufre nuestro país», afirmó Solanas.

Fuente: La Nacion

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