‘La respuesta de emergencia no basta’

 

El Sahel sigue en estado de crisis alimentaria y las previsiones no son optimistas. Los alimentos escasean y encarecen, la inestabilidad política es una constante y las enfermedades, como la malaria, se extienden”. Así lo denuncia Médicos Sin Fronteras (MSF), organización que ha recordado que la desnutrición en el Sahel es un problema de salud pública que exige soluciones a largo plazo.

La ONG ha informado de que un millón de niños con desnutrición aguda severa recibirá tratamiento este año. Es la mayor cifra que se ha gestionado en la historia de la ayuda humanitaria. MSF es una de las organizaciones que está multiplicando su respuesta ante la emergencia en la zona.

“Las crisis nutricionales son recurrentes y cíclicas en esta región”, afirma Luis Encinas, responsable de proyectos de MSF en Níger. “Pero este año, factores adicionales han creado bolsas de desnutrición incluso más elevadas de lo habitual. Entre estos factores, cabe destacar precios de mercado más altos, inestabilidad en el norte de Malí y Nigeria, y un brote de sarampión en el este de Chad y casos de cólera en el norte de Níger”.

Comentario:

La respuesta de emergencia no basta, pues lo que sería necesario es reflexionar que en estas regiones se vienen dando estos problemas y ayudas altruistas desde hace un buen rato y hasta la fecha no se encuentra una solución al dolor de estas personas que sufren de hambre, desnutrición, una salud precaria, falta de un modo de vida digno.    

Necesariamente la solución es empezar a integrar a todos los seres humanos en una sola comunidad en la que todos puedan tener acceso a alimentos, agua potable segura, medicina, educación, sin que esto represente que el altruismo de algunas personas tenga que intervenir, sino más bien sea el derecho inalienable de toda persona.

Esto no es imposible, es muy factible, si tan solo todos empezamos a pensar en que así debe de ser.  Sí así educamos a nuestros hijos, hacemos la idea de solidaridad entre humanos algo común en nuestra mente, veremos que el mundo pronto empezará a transformarse.

Debemos creer que lo justo es que los dirigentes, las personas que manejan la economía realicen que todo ser humano necesita de un trabajo que le permita acceder a los satisfactores básicos para su familia… y que esto debe pasar antes que nada absolutamente.  

Un plan de respuesta

Este año fue la primera vez que los países del Sahel lanzaron alertas tempranas a causa de la desnutrición. Ante ello y junto con organizaciones de ayuda, desarrollaron un ambicioso plan de respuesta a finales de 2011.

En él, incluían el objetivo de tratar a un millón de niños con desnutrición severa, así como la distribución de alimentos a base de leche, específicamente diseñados para cubrir las necesidades nutricionales básicas de los menores.

Pero para MSF la respuesta de emergencia no debe ser la única opción que se tenga en cuenta. “La desnutrición es un problema de salud pública en esta región y debe tratarse como tal”, explica Luis Encinas. “La prevención y tratamiento de la desnutrición permite salvar muchas vidas y por tanto debería formar parte del conjunto de medidas de salud básicas dirigidas a los niños, al igual que la vacunación”.

El gran reto es implantar este plan de emergencia, ya que exige esfuerzos considerables por parte de los gobiernos, las ONG y los financiadores. “Todos los países que han conseguido con éxito controlar la desnutrición han establecido el acceso gratuito a atención sanitaria y a una nutrición adecuada para los niños. Es de vital importancia abandonar los enfoques de emergencia y empezar la transición hacia soluciones a largo plazo“, añade Luis Encinas.

MSF ha tratado en los últimos siete meses más de 72.000 niños con desnutrición aguda severa en el Sahel, cerca de 50.000 sólo en Níger. Se trata de una cifra ligeramente superior a la del año pasado.

“La cosecha del pasado año se nos acabó. Siempre tenemos el mismo problema. Ahora tenemos que comprar en la tienda. Dos kilos y medio de mijo nos cuestan 700 CFA (más de 1 euro)”, explica Hadiza Adamou, una mujer de 30 años cuyo hijo recibe tratamiento contra la desnutrición en el hospital de Madaoua, en Níger.

Por otro lado, Malí está sumido en una crisis política desde principios de año que repercute negativamente en la ya precaria situación. Cientos de miles de personas huyen de la violencia y los enfrentamientos a zonas más seguras del país o a otras localidades como Níger, Mauritania o Burkina Faso.

Cuando comenzaron a llegar los refugiados, la población de estos países les acogían y compartían con ellos lo poco que tenían. Sin embargo, las localidades de acogida ya están enfrascados en una inseguridad alimentaria grave. Ni refugiados ni locales pueden alimentarse. Los refugiados sobreviven únicamente gracias a la ayuda humanitaria que les llega.

Además, las lluvias, especialmente intensas en el sur de Níger y en partes del este de Chad, han anticipado el esperado pico estacional de malaria. Esta enfermedad es una de las principales causas de muerte en menores de cinco años, y combinada con la desnutrición es letal para los niños más pequeños. Solo en Níger, MSF y sus contrapartes trataron más de 200.000 casos en 2011.

Fuente: El Mundo

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