La negligencia temprana altera el cerebro

 

Los niños que padecen negligencia física y psíquica presentan alteraciones en su estructura cerebral. Según muestran las imágenes por resonancia magnética (IRM) de niños internados en instituciones, su cerebro se caracteriza por una disminución en el volumen de las materias gris y blanca.

«La exposición a la adversidad en la niñez tiene un efecto negativo sobre el desarrollo cerebral», afirma Margaret Sheridan, de los Laboratorios de Neurociencia Cognitiva del Hospital Infantil de Boston y una de las autoras principales del estudio. Según agrega:»Las implicaciones son muy amplias, no solo para los niños internados en instituciones, sino también para los crios expuestos al abuso, el abandono, la violencia, la pobreza extrema y otras adversidades». No obstante, las intervenciones positivas pueden revertir tales cambios, sugieren los autores del estudio.

Deterioros en el desarrollo cerebral

Los investigadores analizaron y compararon  las neuroimágenes de tres grupos de niños de Rumanía con edades comprendidas entre los 8 y 11 años. Un total de 29 de ellos habían sido criados en una institución, otros 25 fueron seleccionados al azar para salir de la institución y vivir en hogares de acogida y 20 más habían pasado su infancia con sus respectivas familias.

Comentario:

Un ejemplo más de que somos nosotros mismos los que influimos en todos los niveles emocionales, psicológicos y de salud del ser humano.

Hoy día la ciencia con la base de largos años de investigaciones, nos entregan elementos en los cuales podemos ver que la interconexión es una realidad y no un mito como muchas personas pensaban. Somos todo aquello de lo que nos impresionamos: no solo de lo que hay en nuestro alrededor físicamente, sino también aquello que ocurre en nuestros hogares. Vivimos de forma simbiótica, ya que todos los elementos de nuestro planeta tienen influencia sobre nosotros y de igual manera nosotros influimos sobre ellos.

Dicen los expertos que la edad en la cual se captan con mayor facilidad las situaciones a nuestro alrededor es durante la infancia y que esto va a formar el hombre o mujer del mañana, así pues los responsables de dar a los niños un entorno adecuado somos todos: a nuestros hijos, nietos, sobrinos. Y son ellos que van a crear al futuro. ¿En qué sociedad queremos que ellos vivan? Dado que los encargados de su formación somos nosotros, somos nosotros los que estamos construyendo la sociedad futura. ¿Qué tipo de sociedad y de planeta queremos? ¿Uno en donde prevalezca el armamentismo, la carestía, las burbujas económicas, el desempleo?  O uno donde la comunidad se preocupe ante todo del bienestar de cada uno de sus miembros. ¿De qué manera queremos ser recordados por las generaciones futuras?

Todos queremos el bienestar tanto de ellos como de nosotros, pero ¿estamos haciendo algo para que esto se realice? Un camino sería investigar lo que es la garantía mutua, que es una conexión con todos los seres humanos en la cual todos se preocuparán de las necesidades de los demás, tal como lo haríamos dentro de una familia unida.

Podemos reflexionar en todo esto y empezar a actuar en concordancia, educando a nuestros hijos con una formación integral que vea, no solo por sus conocimientos y su preparación para el trabajo, sino también por su integración como seres humanitarios conscientes de que viven en una sociedad globalizada e interdependiente, dentro de la cual ellos son responsables de todos los seres humanos, como hermanos.

Los niños que habían vivido en una institución mostraban un menor volumen de materia gris que los niños que, aunque habían vivido una temporada en un orfanato, fueron trasladados a un hogar de acogida adecuado. Asimismo, el volumen de sustancia blanca de los internados resultaba menor en comparación con los niños que nunca habían sido institucionalizados. En cambio, entre los niños que convivían con sus respectivas familias biológicas y los que vivían en hogares de acogida no existía ninguna diferencia con respecto a dicha materia.

«La materia blanca, a diferencia de la gris, se desarrolla lentamente. Por tanto, puede responder mejor a terapias para revertir los cambios negativos», argumenta Sheridan. Por otra parte, los investigadores señalan que los picos de crecimiento de la materia gris, en momentos específicos de la infancia, indican que el ambiente puede influir de manera notable en el desarrollo del cerebro.

Estudios previos llevados a cabo por Nelson y otros investigadores han documentado que las deficiencias sociales, del lenguaje y del funcionamiento cognitivo funcional de los niños institucionalizados elevan las tasas de trastornos por déficit de atención, dificultades con el funcionamiento social e incluso envejecimiento celular prematuro.

Según UNICEF, al menos ocho millones de niños de todo el mundo viven en un ambiente institucional adverso.

Fuente: Investigación y Ciencia

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