Humo verde en Río+20, pero humo al fin

 

La conferencia de Río+20 ha roto los esquemas de funcionamiento tradicional de este tipo de encuentros. Habitualmente, en estas cumbres había un clímax, un crescendo que permitía a lo largo de los días visualizar los grupos de interés, las presiones, la aparición de los diferentes actores y asistir a las acciones de protesta de las organizacines ecologistas especializadas en imaginar la imagen que golpea la conciencia social.

Pero ahora todos los contrapoderes parecen haber desaparecido. Los derrotados por un acuerdo de antemano poco ambicioso no logran ni hacer oír su voz. El acuerdo (preacuerdo, borrador de declaración… como se quiera llamar) se ha impuesto como una losa, desde el primer momento; es como si la ONU no fuera ya el escenario en el que se visualizan las diferencias.(Si desea seguir leyendo favor de dar Click en el enlace)

Comentario:

Nos encontramos con un fenómeno  más preocupante que antes, en torno al tema de la crisis ecológica que cada día se hace más aguda, y es la indiferencia en la que han caído los diferentes países que participan, aparentemente en las posibles soluciones. Gran parte se debe seguramente a que no atinan ni a entender ni a dar soluciones a lo que ellos activamente y nosotros pasivamente, hemos creado. Pareciera que de una forma simplista al darle un nombre grandilocuente como el de “desarrollo sostenible”, ya hubiéramos encontrado la solución mágica. Cuando en realidad lo que estamos dando como la solución, en realidad en palabras simples, ha sido en realidad la causa del desastre que hemos creado. ¿Cuando hablamos de “desarrollo”, realmente a que nos referimos? Normalmente viene asociado a crecimiento y caemos bajo el axioma de que si hay crecimiento hay desarrollo. Es un modelo sobre el cual se ha basado todo este sistema actual. O sea, nos decimos, si algo, por ejemplo, una semilla se desarrolla es porque crece, y bajo este principio que aparentemente se adapta a una ley “natural”, si lo aplicamos en todas las areas de influencia humana, como economía, industria, agricultura, recursos hídricos, etc. debería funcionar. Pero desafortunadamente hemos sacado una parte de la ecuación y es que todo lo que nace, crece y se desarrolla, también muere. Y en el caso de la ecología, que trata básicamente con el manejo y uso de nuestros recursos naturales limitados, queremos aplicarles un uso para un crecimiento ilimitado, para ser considerado como “desarrollo”. Pero ya hoy en día empezamos a oír pequeñas voces, casi como un susurro y no ya de las cansadas voces de los ecologistas, quienes ya han caído incluso en el desanimo o en la misma indiferencia, al ver que ya ninguno de estos G – 20 está interesado o están ya incapacitados para dar una solución. Entonces vemos como este pequeño susurro empieza a hablar de algo que suena casi contra toda lógica y es cuando se habla de  “decrecimiento” o lo podríamos llamar también como el “uso racional de los recursos” y es un llamado a reducir nuestro consumo a los niveles sobre lo absolutamente básico para la supervivencia y esto no implica que nos llevemos todos a vivir por debajo de los niveles de pobreza, no, pero tampoco seguir haciendo un uso irracional de  nuestros recursos, no como lo hacemos ahora cuando en los países desarrollados, donde toneladas de comidas son desechadas aun sin abrir de los empaques originales, o cuando los fabricantes, de autos, electrodomésticos y muchas cosas más de lo que usamos, deciden que su tiempo útil no sea mas allá de 3 o 5 años, solo con el fin de aumentar sus ventas, etc. Lo cual conlleva  usar una cantidad inmensa de recursos y al mismo tiempo nos deja en el problema de cómo manejar todo lo que se ha desechado creando inmensas montañas de basura o  como vemos hoy en día, donde existe una gran “isla de plástico” en el mar, donde las corrientes marinas se han encargado de juntar en un solo sitio del mar, creando esta isla de plástico infestada de insectos, creando un gran desequilibrio ecológico. Vemos pues que todo termina interconectándose. Podría también ser la solución si nos “interconectamos” buscando una solución y saliendo de nuestra indiferencia y dándonos cuenta que todos y todo formamos un mismo “circulo” en un mundo globalizado.

La tierra tiene «límites biofísicos», pero el ansia de crecimiento no quiere poner fronteras al desarrollo. En esta ocasión, en esta conferencia, las conclusiones han surgido casi antes de que empiece el desfile de intervenciones ministeriales. El foco de atención ya no se ha concentrado en la cumbre. El preacuerdo, promovido por Brasil, se gestó antes de que llegaran los jefes de estado. Es como si la trastienda hubiera funcionado a la perfección, de manera que a la luz solo surge aquello que ya se presenta como irremediable, incontrastable.

¿Quién ha tramado este guión? ¿Quién ideó este relato? «La diplomacia brasileña siempre ha sido reconocida», recuerda Miquel Ortega, observador de estas conferencias internacionales. «¿Qué van a hacer ahora los líderes durante estos largos días de discursos?», se pregunta Ortega. Y lo más terrible es que esta estrategia apaga la voz de la sociedad civil, cree Ortega. Y que no hay ni rastro de culpables del fracaso.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dice que el acuerdo no es lo que querían, que no está a la altura del reto, pero lo da por bueno. Brasil lanza elogios, autoelogios, sobre el pacto que impone el consenso con el apoyo de China, India y otras potencias emergentes.

Y ¿Estados Unidos? Sabedor de que lo que se venía encima, es decir, un acuerdo de mínimos en forma de lugares comunes entronizado por las potencias emergentes, ha dejado que éstas actúen. Se ha mantenido en segunda fila. Y logra eludir la imagen tradicional de malo de la película en las cumbres. Si la Tierra continúa su degradación, ¿es eso un crimen? ¿Un crimen sin una mano detrás?

Fuente: La Vanguardia

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