El suicidio como signo de la necesidad de transformación del mundo

Enterarse del suicidio de una madre y su hija no es el tipo de acontecimientos que nos producen sosiego, más bien todo lo contrario. Este fenómeno social se ha incrementado en la sociedad humana. Hace unos años atrás este tipo de acciones eran muy aisladas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su sitio web informa que cada día 3,000 personas deciden poner fin a su vida y 20 seres humanos intentan suicidarse por cada una que lo consigue. El 10 de septiembre, es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio con el propósito de promover que los países establezcan programas de prevención del suicidio y acciones comunitarias.

                                (Foto: miamitherapycenter.com)

La Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (AIPS), vinculada oficialmente con la OMS, promueve una terapia y un seguimiento para quienes han intentado suicidarse. También fomenta un manejo mesurado del suicidio por parte de los medios de comunicación. Esta organización no gubernamental, dispone de profesionales y voluntarias de más de cincuenta países. Ahora vemos como en cada país o ciudad se crean centros de crisis para prevenir el suicidio.

Es cierto que conocemos los síntomas que conducen a las personas a tomar el suicidio como una solución en alguna etapa de su vida. Se estima que las dos terceras partes de quienes se quitan la vida padecían un cuadro depresivo. Conocemos los 5  síntomas principales que  caracterizan a una persona deprimida. Aun más, les damos algunas alternativas para mejorar su estado de ánimo. Pero solo estamos tratando los efectos y no la causa de esta conducta.

Hoy en día ¿que lleva a una persona a caer en la depresión? En la edad media  se decía  que la depresión era la enfermedad de los “príncipes y reyes” y vemos incluso que escritores  como Shakespeare, trataron el tema en obras famosas como “Hamlet” o la historia real del rey de Baviera a quien se le conoció como el “rey loco de Baviera” que termina su vida suicidándose a causa de una depresión profunda.

Actualmente ya no se escriben grandes obras sobre los suicidas, si acaso un lindo obituario o una pequeña nota en una página del periódico. Sin embargo, dados los casos que se presentan, podríamos decir que casi es una “epidemia” social. Los estudios nos informan de los países con un mayor índice de suicidios y para nuestro asombro, el mayor índice existe en los países más desarrollados y con un mayor nivel de ingresos en el planeta. Es el caso de Suecia, Dinamarca y Suiza. Muchas veces llegamos a pensar que  una persona con problemas económicos podría ser llevada al suicidio frente a alguien que no los tiene y que ésta en realidad es y será más feliz que aquella otra. En África el suicidio prácticamente no existe en tanto que en  Japón el índice de suicidios es muy alto en los niños por causa del estrés en los estudios.

Una de las causas que deseamos resaltar es la pérdida del deseo de vivir y del propósito de la existencia que se presenta en las sociedades más desarrolladas, tanto en tecnología como en mayores ingresos económicos. Asimismo cómo la carencia de bienes materiales como son el último modelo de teléfono móvil o el último videojuego o la casa más lujosa o el trabajo más exitoso, no impide que nos sintamos incapaces de demostrar nuestro éxito en una sociedad altamente competitiva. Nos deprimimos si no logramos ser los “mejores” o los “primeros”. También ocurre que si todas estas “necesidades” están sobre abastecidas, terminamos perdiendo interés por todo y hacia todo, produciéndose en las personas una sensación de vacío, de desgano.

Además se presenta la contradicción entre una tecnología que en apariencia fue creada para mantenernos más “comunicados” y una realidad en que estamos más aislados, encerrados dentro de nosotros mismos y sintiéndonos incapaces de interactuar y encajar en este modelo del mundo que se derrumba ante nuestros ojos. Descubrimos que ahí no se encuentra la tan ansiada y buscada “felicidad”. En resumen, a través del consumismo desenfrenado terminamos siendo “victimas” de la presión social.

Este “paradigma” que nos lleva a la autodestrucción ha de cambiar hacia un modelo diferente que evite la búsqueda sin freno de satisfacer nuestro vacío existencial mediante el consumismo y un reconocimiento social basado únicamente en el interés propio.

Nuestra evolución humana es aquella forma de existencia que favorezca al “ser” por encima del tener. Es urgente recuperar un sentido de existencia a través de la convivencia; la ayuda mutua; el consumo racional sustentado en la satisfacción de las necesidades básicas; la conservación de los recursos del planeta respetando sus ciclos de autoregeneración y, el diálogo inteligente entre las naciones.

La solución para que la vida en el mundo transcurra así, es la unión entre todos los seres humanos, para lograr el bien común. En cada uno de nosotros existe el potencial del esfuerzo para transformarnos en una sociedad global integrada. Solo de esta manera podremos alcanzar una convivencia armónica.

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