Malos aires en las urbes

 

Cada vez que Arturo pasa por la fábrica de plásticos, rumbo a su trabajo, percibe el característico olor que de ahí emana. Él no lo sabe, pero ese aroma a “nuevo” —que también es común en el interior de los autos recién salidos de la agencia— es producido por sustancias químicas cuya exposición reiterada, aun en bajas dosis, puede ser nociva para la salud.

Estos compuestos tóxicos, que abundan al interior de fábricas y almacenes, también pueden flotar en el medio ambiente de las grandes urbes con gran actividad industrial. Sin embargo, mientras en el primer caso suelen ser objeto de normas para evitar daños al personal que entra en contacto con ellas, en el segundo no están suficientemente regulados.(Si desea seguir leyendo favor de dar Click en el enlace)

Comentario:

¡Qué tal! ¡Y tanto que nos gusta el olor a nuevo de un auto! ¿Y se fijaron en los nombres de los químicos?  No cabe duda que nuestro creciente deseo por poseer cosas y más cosas va provocando toda esta manufactura desmedida a costa de la salud misma de los seres humanos. ¿Qué hacer? Por supuesto, aceptar que las autoridades cuiden de nuestra salud, y por nuestra parte tomar consciencia del enorme problema del consumismo.

Así sucede con compuestos como formaldehído, acrilonitrilo, acetaldehído, mercurio, amoniaco y nitrosamidas, entre muchos otros, que al ser inhalados en forma persistente pueden producir trastornos cardiovasculares, nerviosos y en las vías respiratorias y que no están contemplados en la normatividad del país para ambientes exteriores.

“De entrada deberían incluirse en la legislación mexicana los 33 tóxicos atmosféricos clasificados por la EPA (la agencia ambiental de EU, Environmental Protection Agency), pues cada año se producen más sustancias y no sabemos bien sus efectos en la salud y los ecosistemas”, advierte el doctor Agustín García Reynoso.

“Es muy necesario legislar dos cosas: el límite máximo permitido de concentraciones ambientales, además de definir las técnicas y equipo de muestreo específicos, precisos y representativos del compuesto que se quiere estudiar”, agrega el investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Legislación insuficiente

La legislación mexicana contempla seis de las sustancias tóxicas enlistadas por la EPA, mismas que son vigiladas por el Sistema de Monitoreo Atmosférico en el Valle de México: ozono, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono, partículas suspendidas y plomo.

Además, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), órgano de la Secretaría de Salud, acaba de anunciar (El Universal, 8/V/2012) la actualización de las Normas Oficiales Mexicanas 020 y 025, que regulan los niveles de ozono y partículas suspendidas, para hacerlas más estrictas.

La Cofepris también busca establecer una nueva norma que incluirá otros contaminantes clasificados por la EPA (volátiles orgánicos) como benceno, xileno y tolueno, que ya son observados por el Sistema de Monitoreo Atmosférico en la capital del país, pero no están incluidos en la legislación. García Reynoso reconoce estos esfuerzos, pero anota:

“Hay que establecer niveles más bajos de los que indica la norma (actual) en dióxidos de nitrógeno y azufre y considerar las emisiones de mercurio, un contaminante producido sobre todo por la quema de carbón que suscita gran preocupación en EU, donde han detectado concentraciones un poco altas procedentes de China”, explica el científico.

El especialista en físicoquímica atmosférica cita otro caso que requiere atención: aun cuando ya no se añade tetraetilo de plomo (como detonante) a las gasolinas, por proceder de hidrocarburos ubicados en el subsuelo éstas aún contienen plomo residual. “Se han reducido los niveles del metal, pero todavía está presente en el aire de la Ciudad de México”.

Fuente: El Universal

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