La influencia de la mayoría

 

Con solo dos años, los niños ya tienden a imitar las acciones de la mayoría.  Esta sensibilidad no es exclusiva de los humanos, ya que los chimpancés también son propensos a copiar hábitos, si «todos los demás los hacen». Tal conducta favorece la transmisión de las estrategias culturales de una generación, una de las claves de la evolución humana.

«Creo que poca gente esperaba encontrar que los niños de 2 años de edad ya están influenciados por la mayoría», afirma Daniel Haun, de los Institutos Max Planck de Antropología Evolutiva y Psicolingüística y director de la investigación.(Si desea seguir leyendo favor de dar Click en el enlace)
Comentario:

La  ley general de la NATURALEZA, de la cual somos parte.
 Al ir avanzando, vemos que hay un cierto patrón de desarrollo. Vemos que existe una especie de mecanismo, que está localizado por encima de nosotros y desarrolla a toda la naturaleza en una dirección particular, haciéndola incluso más complicada, de una cualidad más alta, mejor formada e interconectada en todas sus partes. Ya sea que lo queramos o no, somos forzados a obedecer las órdenes de esta ley, que nos influye y hace que nos desarrollemos.

Esta es una ley común. Todo lo que existe está bajo su influencia: todo lo que vemos en nuestro planeta, todo lo que nace y se mueve en alguna dirección

Agujeros y pelotas
En primer lugar, los autores del estudio investigaron si los primates humanos y no humanos adecuaban su porpia conducta a las acciones que presenciaban enla de la mayoría de ssus semejantes. Para ello, los niños, los chimpancés y los orangutanes que participaban en el experimentó debían intruducir una pelota en uno de los tres agujeros de color de una caja construida para la ocasión. A cambio, recibían una recompensa.
Antes de empezar, los probandos observaron como otros cuatro participantes —entrenados y de la misma especie— habían actuado. Mientras que uno de los jugadores compinchados había elegido tres veces el mismo agujero como objetivo, los demás escogían hoyos diferentes. Al final de la demostración, los probandos observadores podían introducir ellos mismos la pelota en uno de los tres agujeros. Según los resultados, la mayoría de chimpancés y de niños buscaban el orificio que había elegido la mayoría de jugadores. Los orangutanes, en cambio, escogían de manera aleatoria uno de los agujeros.
En una segunda fase del estudio, los investigadores analizaron la influencia que podía desempeñar la frecuencia en la conducta de los individuos. El experimento era parecido al anterior, con la diferencia de que el número de participantes entrenados y por especie se redujo a dos: dos niños, dos chimpancés y dos oranguntanes. Mientras que uno de los sujetos entrenados introducía tres pelotas en un mismo agujero de color, el segundo lanzaba solo una pelota en un orificio de distinto color; ambos recibían a cambio una recompensa. Según se observó, los chinpancés y los orangutanes no entrenados elegían de forma aleatoria uno de los agujeros, mientras que la mayoría de los niños se decantaba por el hoyo en el que más pelotas se habían depositado.
«Cuando adquieren informaciones de su entorno social, los chimpancés se fijan primero en el número de individuos que emprenden una acción y menos en la frecuencia de la acción, los niños reparan en ambas cosas, y los orangutanes en ninguna de las dos», señala Haun. Una posible explicación de ello es que orangutanes son solitarios y viven en grupos sueltos. El aprendizaje social fuera de la relación madre e hijo desempeña para ellos un papel menor.

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