¿El placer nos hace sentir culpables?

 

Normalmente no nos permitimos disfrutar de un placer especial o derrochar en algo caro cuando no encontramos razones que lo justifiquen. En esencia, se debe a que  pensamos que no disfrutaremos porque nos sentiremos culpables si somos demasiado indulgentes con nosotros mismos. Sin embargo, en un artículo que publicaba hace poco la revista Journal of Marketing Research, Norbert Schwarz y su colega Jing Xu encontraron que aunque los consumidores esperan menos disfrute y más culpa cuando se dan gustos sin una razón o simplemente para consolarse por algún revés, mientras estamos tomando un dulce o concediéndonos algún otro «capricho», que exista o no un motivo no afecta cuánto disfrutamos. Y tampoco influye si nos damos el gusto para consolarnos por algo que ha salido más o como recompensa por un esfuerzo anterior. Es más, cuando nos concedemos un «capricho», los placeres dominan nuestra atención y las justificaciones desaparecen de la mente.

 

Schwarz y Xu también concluyeron que estos sentimientos son efímeros y, pocos días más tarde, cuando necesitamos reconstruir el recuerdo de aquel momento placentero, lo modificamos según nuestras expectativas y prejuicios, sin tener en cuenta nuestra experiencia real. Es decir, si creemos que nos sentiremos culpables por disfrutar de algunos «placeres de la vida» puede ser que «recordemos» que sí nos sentíamos culpables en aquel momento aunque no sea cierto.

Por otro lado,en las ocasiones en que nos sentimos un poco culpables al permitirnos, por ejemplo, tomar un pastel de chocolate estando a dieta, los placeres saben mejor, tal y como se desprende de un estudio de la Universidad de Toronto. “La culpa puede aumentar la diversión y el deleite”, afirma Kelly Goldsmith, coautora del trabajo.

Comentario:

Tanto el placer como el dolor son dos sensaciones intrínsecas del ser humano que actúan como dos cadenas que lo dirigen en una determinada dirección.  Son las que le impulsan a realizar proyectos a corto o largo plazo, realizando cálculos del placer o dolor: ¿qué tanto dolor puedo aceptar a cambio del placer que obtendré al final? Pero de hecho no existe aquí más que un cálculo aparentemente comercial. Esto es, ¿el placer futuro será más grande que el dolor al que he accedido asumir ahora? Es un asunto de sustracción: se sustrae el dolor del placer y como resultado queda una cierta cantidad de dolor excedente. Constantemente estamos haciendo este tipo de especulaciones, incluso nuestras relaciones se derivan del sentimiento de placer o aversión/dolor que sentimos. Sabemos bien que nos sentimos atraídos hacia la fuente de placer  y evitamos lo que nos provoca dolor.

Podemos considerar que incluso la determinación del tipo de placer o beneficio se encuentra absolutamente fuera de nuestro alcance y obedece al deseo de otros. Por ejemplo: me siento, me visto, hablo, como. No hago todo esto porque quiera sentarme de tal forma, o conversar de tal otra; o vestirme así, o comer así. Lo hago porque otros quieren que me siente, me vista, hable y coma de esa forma. Todo se realiza de conformidad con los deseos de la sociedad. Incluso hago estas cosas contra mi voluntad, puesto que me sentiría más cómodo comportándome de una manera sencilla y sin llevar un yugo. Pero en cada movimiento estoy encadenado a los gustos y modos de los demás que constituyen la sociedad.

Si lo analizamos de esta manera, veremos que no es cosa sencilla saber manejar el placer.  Y solo resta decir que cuando al fin podemos tener acceso a aquello que nos va a provocar placer, al cabo de un momento, el placer disminuye hasta desaparecer por completo. 

Fuente: Muy Interesante

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