Ante crisís Europea ¿Deuda o crecimiento)

 

Alrededor del mundo, en círculos académicos y periodísticos, se ha denunciado y demostrado el crecimiento en la desigualdad del ingreso, antes y después de impuestos (Sáez, Piketty, Burkhauser, Congressional Budget Office, OCDE). La desigualdad del ingreso antes de impuestos y transferencias es consustancial a las leyes del sistema económico. La desigualdad del ingreso después de impuestos, muestra la política económica del gobierno y el tipo de intermediación en la lucha de clases, que expresa su filiación política; más o menos liberal en la intervención del Estado en la economía

La tendencia desde 1970 a la fecha, ha favorecido la desregulación bajo la creencia de que el mercado asignará los recursos de forma más eficiente, propiciando el crecimiento económico a través de las inversiones de los tenedores de las grandes fortunas.(Si desea seguir leyendo favor de dar Click en el enlace)

Comentario:

¿Por cuánto sufrimiento deben pasar las personas para que las autoridades financieras y políticas entiendan que la única oportunidad de corregir la crisis es a través de las relaciones sociales? La vasta mayoría de los científicos hablan de ello, pero como es costumbre, el gobierno no quiere escuchar y actúa dentro de su estrecho amor propio

La crisis productiva y financiera de 2007-09, así como la crisis de deuda pública que aqueja a Europa, han profundizado la tendencia señalada en la concentración del ingreso. En un contexto de crisis los bajos niveles de crecimiento económico impiden el crecimiento del ingreso; para distribuir es necesario crecer en primera instancia.

En este sentido, la respuesta europea para resolver la crisis del Estado se circunscribe al manual de las políticas de austeridad; los resultados no han sido los esperados y en días recientes, el FMI ha señalado que los recortes al gasto podrían haberse implementado de manera acelerada. La declaración de Cristina Lagarde del FMI contrasta con la visión alemana de Ángela Merkel, quien ha propugnado por los recortes fiscales como la política económica que garantizará el retorno de la confianza, las inversiones, el crecimiento y el empleo.

El dilema europeo en relación al crecimiento y la deuda pública, recuerda el dilema de Estados Unidos en la crisis de 1973-1975 entre crecimiento e inflación. En ambos contextos, la vacilación de los líderes políticos aquejados por las coyunturas electorales jugó en contra de la eficiencia en la toma de decisiones. En última instancia la resolución de las contradicciones señaladas buscó y busca, reanudar el proceso de reproducción económica para empresas y trabajadores, impulsando el crecimiento de los ingresos.

DE LAS LECCIONES DE NORTEAMÉRICA A LA CRISIS EUROPEA

La presencia de recesión con inflación, la llamada stagflación planteó un reto a los hacedores de política económica en la década de los setenta. ¿Qué es lo que debería priorizarse? ¿Control de la inflación? ¿Impulso al crecimiento? Después de un gran periodo de indecisiones políticas que llevaron a profundizar la crisis se optó por el camino más amargo: reducir la inflación a costa del crecimiento económico y del empleo-ingreso. La estabilidad macroeconómica, conduciría en el largo plazo a la recuperación; así fue. Los costos sociales fueron enormes.

En su investigación titulada, La nueva fase del desarrollo económico y social del capitalismo mundial, Rodríguez Vargas, catedrático de la Facultad de Economía de la UNAM, apunta que el FMI en su reunión de 1974, señaló a la inflación como el principal problema a combatir. En consonancia con el Fondo, la reunión del G-7 en 1974 aceptó combatir la inflación y el desempleo, al mismo tiempo; mientras que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) asumía a regañadientes en 1976 una estrategia antiinflacionaria. El consenso –después de años de vacilación y políticas contradictorias- se había logrado, posterior a un periodo en el que, de acuerdo al Banco de Pagos Internacionales “atender a la opinión pública ha obligado a los gobiernos a otorgar elevada prioridad al pleno empleo  y a la expansión económica…”

¿Por qué la inflación? “Es mas perjudicial la inflación porque redistribuye arbitrariamente la riqueza y el ingreso, socava la confianza, reduce los incentivos para invertir, asigna mal los recursos y como consecuencia reduce las ganancias empresariales…hace que toda empresa tenga éxito porque destruye los mecanismos conductores del mercado. Porque la inflación puede destruir la economía de mercado…” Afirma Rodríguez Vargas citando a Hayek y al FMI.

En el contexto actual el dilema se antoja similar ¿deuda o crecimiento? ¿Escuchar el clamor de los indignados-occupy, y la población europea en contra de las políticas de austeridad, es seducirse ante el canto de las sirenas?

La crisis de deuda reduce la confianza de los inversionistas, deprimiendo la actividad económica, el empleo y los ingresos. Las políticas de austeridad agudizan la depresión en pro del retorno de la confianza, retorno que no puede ser automático; las expectativas aguardan a que la estabilidad se sostenga en el tiempo. El plan B, que supone priorizar el crecimiento económico y el empleo –en el caso de que hubiera más empréstitos-, podría agudizar la crisis de deuda, y decantar en la bancarrota del Estado, desplomando la confianza de los inversionistas. ¿Qué es lo que debería priorizase? ¿Estamos ante una situación como la referida en la crisis de 1973-75, o en esta ocasión el clamor popular acierta? ¿Son los líderes de la austeridad, Merkel, Sarkozy, Rajoy los héroes del mañana,  los salvadores a la Thatcher-Reagan, o los villanos de la trama?

Las respuestas a estas preguntas, no sólo conciernen a la zona del euro, la recuperación económica es un asunto global. Los grandes consumidores –Europa y Estados Unidos- se encuentran insolventes o fuertemente endeudados; los vendedores –BRICS, América Latina- empiezan a preocuparse. Cristina Lagarde no se decide: recortar sí, pero no tan rápido. Francois Hollande, presidente electo de Francia, podría ser el contrapeso de la posición pro-austeridad de Merkel y agudizar el debate y la crisis.

El FMI: SÍ, PERO NO

En su conferencia de prensa el 17 de abril de 2012, con motivo de presentar el panorama de la economía mundial, Olivier Blanchard economista en jefe del FMI dijo: “Uno tiene la sensación de que en cualquier momento, las cosas podrían ponerse muy mal de nuevo”. Afirmó que no hay duda de que la consolidación fiscal –reordenamiento de las finanzas públicas- es necesaria en el largo plazo; sin embargo, reconoció que en el corto plazo no propicia el crecimiento; por lo cual la depresión económica no debería ser una sorpresa. Consideró que la pregunta pertinente no es si debe haber o no consolidación fiscal, sino a qué ritmo debe darse ésta.

Continuó Blanchard señalando que en este año, los riesgos se concentran en las tensiones geopolíticas que pudieran provocar altos precios del petróleo, “pero el principal riesgo sigue siendo otra crisis en Europa”; para finalizar su intervención agregó: “Tal vez, la prioridad más alta a este punto, pero también la más difícil de lograr, es incrementar de manera sostenible el crecimiento y disminuir el desempleo en las economías avanzadas, particularmente en Europa”.

En este contexto, los pronósticos de crecimiento para este año fueron los siguientes:

Para las economías avanzadas como un todo se pronostica un crecimiento de 1.4 por ciento en 2012 y 2 por ciento en 2013. Estados Unidos, 2.1 y 2.4  por ciento para 2012 y 2013 respectivamente.  Los números para la euro área son negativos, -0.3 por ciento en 2012 y 0.9 en 2013. La tasa negativa refleja la dinámica de economías recesivas como España e Italia; Alemania y Francia tendrán crecimiento positivo pero bajos.

Para las economías emergentes y en desarrollo, el pronóstico continúa fuerte y optimista. Sin embargo, Blanchard reconoce que para muchos países el reto es externo y se manifiesta en la disminución del nivel de las exportaciones, en adición a la volatilidad de los precios de los commodities, que afecta tanto a exportadores como importadores.  El pronóstico refleja “la creencia de que ellos serán capaces de manejar estos retos a través del margen monetario y fiscal que aún tienen…” Las tasas de crecimiento para el 2012 se esperan en 8.2 por ciento para China, 6.9 en India y tres por ciento para Brasil. En Rusia, cuatro por ciento. El crecimiento para la economía mundial en general sería de 3.5 por ciento en 2012 y 4.1 por ciento en 2013.

Hasta aquí, de acuerdo al economista en jefe del FMI, tenemos que la consolidación fiscal es necesaria, como necesario es determinar su ritmo. También sabemos que dicha consolidación inhibe el crecimiento, pero suponemos que el ritmo adecuado en el recorte del gasto y la administración de la deuda pública podría resolver el dilema. Finalmente debemos considerar que son el crecimiento y el desempleo la prioridad –a largo plazo- en las estrategias de salida a la crisis.

¿CÓMO ARMAR EL ROMPECABEZAS?

El crecimiento siempre es una prioridad, pero también es una consecuencia. En términos generales, el crecimiento es la consecuencia del desenvolvimiento del proceso de acumulación, que expresa el ciclo de las inversiones. En ausencia de capitales que se inviertan, no habrá retorno de ganancias, creación de empleos ni elevación del ingreso a través de éste. Los capitales sólo se invertirán si las expectativas de los beneficios futuros son halagüeñas; no es el caso. Por lo anterior el retorno de la confianza es clave en el proceso de recuperación económica, a la Keynes.

El economista polaco, marxista de tendencia luxemburguista y predecesor de Keynes, Michael Kalecky, escribió una teoría del ciclo económico (1933,1934 y 1935)  que en sus palabras “contiene lo esencial” de la teoría general de Keynes (1936). En 1943 abordó los aspectos políticos de la ocupación plena, discutiendo el elemento de la confianza.

Kalecky explicó que bajo el sistema de laissez-faire, el nivel de empleo depende del llamado estado de la confianza, y esto otorga a los dueños del capital, potenciales inversores, “un poderoso control indirecto sobre la política gubernamental”. El autor advierte que el gobierno mediante el gasto puede prescindir del retorno de la confianza, impulsando la actividad económica y el empleo. De ahí, y con el fin de evitar lo anterior, Kalecky señala críticamente que “la función social de la doctrina de las finanzas sanas es hacer que el nivel de empleo dependa del estado de la confianza” y no de la actuación del Estado. La necesidad se ciñe a la espera de las expectativas de los dueños del capital.

El entorno europeo no pudiera ser más ilustrativo al caso, la expresión viva de la previsión kaleckiana. Los acreedores han impuesto en la zona del euro la política de austeridad, mientras la presión política de los trabajadores-consumidores la ha rechazado enérgicamente. Hasta ahora, los movimientos indignados-occupy no parecían tener efecto. Hollande, prometiendo irreverencia, derrotó a Sarkozy; y el mainstream se inclina por reducir el ritmo de los recortes. Las vacilaciones en política económica vaticinan un 2012 epiléptico.

La erosión de la economía de mercado tiene un límite; la profundización de la crisis, los rescates sistemáticos, las quiebras de empresas de todos tamaños. La intervención del Estado nulifica el principio darwiniano de la sobrevivencia del mas apto, sobreviven los que deben morir.

Tal y como se señaló mas arriba, con relación a los efectos de la inflación, la deuda, la bancarrota y la intervención del Estado para administrarla, “redistribuye arbitrariamente la riqueza y el ingreso, socava la confianza, reduce los incentivos para invertir, asigna mal los recursos y como consecuencia reduce las ganancias empresariales”. Esta es la voz del capital. De continuar esta situación, los mecanismos del Estado se revaloran en relación a los mecanismos del mercado, el poder se seduce por la masa, presionado por el ciudadano-elector y se fortalecen las medidas proteccionistas y el arbitrio de la política gubernamental regulacionista. Nada más pernicioso para la reproducción del ciclo económico que la regulación, probablemente inhibidora para la inversión empresarial.

La rentabilidad no entiende de filosofías, justicia o preferencias políticas. En un sistema capitalista, globalizado e interdependiente, el único regreso a la estabilidad y el crecimiento económico será impulsado por tasas de beneficio positivas y crecientes. Es el punto de partida. La distribución de estos beneficios será un asunto de política económica; hasta ahora ésta –La intervención del Estado- no ha distribuido mayormente a amplios sectores sociales. Es la voz de los indignados-occupy.

Las coyunturas electorales en Europa y Estados Unidos retrasan lo inevitable: la austeridad será impuesta, con mayor o menor fuerza frente a los objetivos del crecimiento. Por el momento, ante el canto de las sirenas, nadie quiere beber la cicuta.

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1 respuesta

  1. Ariovanda dice:

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